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Vichyssoise de peras

Dije que iba a ser la semana de la hierbabuena, pero también la de las peras.

Esto de la vychissoise de peras ocurrió como se lo voy a contar. Resulta que un día fui a ver una película a casa de unos amigos y, mientras esperaba a que sacaran las palomitas del microondas, me pasaron un libro de cocina. Ésa soy yo: la persona que en la sala de espera hojea las revistas del corazón en busca de recetas. El libro era un tomaco y no pude ver mucho pero algo llamó mi atención al tercer pasar de hojas: vichyssoise de peras. Apenas tuve tiempo de ver lo que llevaba, sólo grité: “¡zaca, vichyssoise de peras!” Luego llegaron las palomitas.

Lo que yo hice fue coger la receta de una vichyssoise normal y añadirle cuatro perotas bien gordas y unas hojitas de hierbabuena. No le puse patatas porque estaba en esos días sin tubérculo, pero sí una cebolla porque… porque sí.

Peras gordas exprimidas llenas de nata

Lo que yo le puse:

  • 4 puerracos
  • 1 cebollona
  • 4 perotas conferencia
  • 2 vasos de caldo de verduras
  • 200 ml de nata vegetal
  • 3 hojas de hierbabuena
  • 2 cucharadas de margarina
  • Pimienta blanca
  • Nuez moscada
  • Zumo de limón
  • Sal

Lo que yo hice:

  1. Pelar las peras y cortarlas en trozos. Reservarlas en un plato rociadas de zumo de limón para que no se pongan negras por la oxidación del espacio exterior.
  2. Trocear la cebolla y los puerros 4 segundos a velocidad 5.
  3. Echar en la Thermomix la margarina y calentarlo todo 7 minutos, temperatura Varoma (high voltage!) a velocidad 2.
  4. Bailar el Electronic Supersonic al ritmo de las cuchillas, mientras preparo el resto de ingredientes. Un día tendría que hacer un vídeo, pero el mundo no está preparado.
  5. Cuando la Thermomix pita para reclamar, celosona, mi atención, procedo a echar las peras cortadas y reservadas. No recuerdo cuánto lo programé, pero suena sensato decir que unos 5 minutos, 100 grados y velocidad 1.
  6. Pasado ese tiempo, eché los vasos de caldo vegetal y programé 10 minutos a 100 grados, velocidad 1.
  7. Esperar pacientemente (la vichyssoise es para los que saben esperar) a que se enfríe un poco, añadir las hojas de hierbabuena lavadas, la nuez moscada y triturar a ritmo progresivo de black metal hasta que la crema quede fina.
  8. Añadir la nata vegetal y mezclarlo bien. Si no quieres echarle ningún tipo de nata puedes hacerlo también, te dejo.
  9. Cuando se enfrió, la metí en la nevera y tuvimos litros de vichyssoise para varias noches porque, en esta casa, por menos de 6 raciones yo no me levanto de la cama. Colorín colorado.

"Mírame fijamente, mírame fijamente... mírame y di muuuuuu"

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Batido de pera a la hierbabuena

Ya me he quedado “agustito”, queridos zampones, así que vuelvo a lo mío, que es estar calladita en la cocina y colgando recetas en Internet con una mano.

Esta va a ser la feria de la hierbabuena, ¡la traigo fresca! Yo lo que quiero para sentirme realizada como mujer es tener un huerto de balcón y pasear entre el tomillo como la protagonista de un cuadro impresionista (ripio, ripio). De momento me tengo que conformar con buscar hojas en los supermercados empujando mi carrito. El Mercadona es mi pastor y allí encontré hojas de hierbabuena fresca. Como no sabía qué hacer con tanta hoja suelta y descarriada decidí sacrificarlas al Vaso Que Todo Lo Ve y Lo Sabe (es el vaso panopticon, señora) y añádirselas a este batido fresco.

Esta foto es como vestir a un pibón con cartones del Dia. Pero es lo que hay.

No se dejen engañar por el aspecto cochambroso de la fotografía: detrás de ese horror que ni el GIMP puede solucionar se esconde un manjar divino. Si posas tus labios sobre la copa, la rana se convertirá en príncipe y te saldrán unos pechos de una pornostar (y a ti, joven zacazaca, unos huevos del tamaño de un sátiro)… ¿Qué? ¿Qué es lo que he dicho?

Lo que yo le puse:

  • 2 vasos de leche de almendra
  • 1 cucharada de fructosa
  • 4 peras conferencia maduritas (o peras MILF)
  • 5 hojas de hierbabuena

Lo que yo hice:

  1. Trituras las peras con la fructosa y la hierbabuena (10 segundos velocidad progresiva 5-9, o algo así). Este paso es obvio y no necesita explicación, pero me la pueden pedir a mi mail.
  2. Añadir la leche de almendra y volver a triturar hasta que estuviera todo bien mezclado (otra velocidad progresiva en la Thermomix, la que más me petara en ese momento).
  3. Servirlo inmediatamente en la copa regalo de mi madre (cortesía del Juteco) que tengo para las fotografías del blog, decorarlo con una hoja de hierbabuena que queda más profesional.
  4. Maldecir al sol de la tarde y a la progresiva pérdida de vitaminas del batido, porque no hallaba el modo de hacer una fotografía decente. Este paso es opcional.

Versión anotada:

  • La cucharada de fructosa es opcional y se la añadí porque mi señor zacazampa opina que nada es lo bastante dulce. La leche de almendras es dulce y las peras también, pero a tu gusto y criterio te lo dejo.
  • Cinco hojas de hierbabuena para dos batidos inmensos es un buen comienzo. Como no sabía cómo me iba a quedar de sabor no quise echarle más, pero mi paladar admitiría más hierbabuena sin reservas. El paladar del señor zacazampa se quedó satisfecho y el de la madre de todos los zacas habría preferido menos. De nuevo te dejo la presión de tener que elegir. Ah, una gran libertad conlleva una gran responsabilidad.
  • Puedes hacer una versión del batido canario añadiéndole un plátano o dos para darle otro toque distinto. O hacerlo sólo con plátanos. Como desees.

Engañifas

Hoy vengo con preludio a cuestas, así que si me pongo seria tengan preparado el scroll. El baño, al fondo a la derecha.

Ser vegetariano no tiene nada que ver con la salud. Les podría decir miles de recetas que no tienen nada de sano y, no sólo eso, kilos de ingredientes que no tienen nada de saludables: harinas refinadas, azúcar refinado, toneladas de almidón, patatas fritas y salsas grasientas. Lo de ser vegetariano por salud es una tontería: un carnívoro (ejem: omnívoro) puede estar tan sano o enfermo como un vegetariano o un vegano. No hablemos de repostería.  Incluso sin lácteos o huevos se me ocurren galletas que harían reventar tu páncreas. Hay varios médicos que señalan que nuestra dieta occidental tendrían que temer el exceso de hidratos de carbono casi más que el de las grasas, de tal forma que, la próxima vez que te tomes una tostada con mantequilla y mermelada, pienses que lo más sano de lo que te están embuchando es la mantequilla. Las grasas no son buenas, no, pero los hidratos pueden ser casi peores. Me contaba una amiga que está siguiendo la dieta Montignac cómo le echan jarabe de glucosa hasta a la mayonesa light. No hay nada en ser vegetariano que te impida comer carbohidratos chungos (es más: puede ser muy fácil sustituir las proteinas de origen animal por carbohidratos malosos e inflarse de arroz y pasta por comodidad).

Todo esto viene porque leo en muchas revistas eso de la dieta vegetariana sana y yo me descojono, porque es más falso que un zacazaca de madera. No comer ni carne ni pescado ni productos de origen animal no te hace más sano. Comer carne y pescado de vez en cuando no es malo para tu salud, si no abusas de ellos; puedes ser vegetariano y abusar de grasas vegetales o de carbohidratos malos y que te crezca una barriga de Buda feliz que haga temblar tu páncreas. También puedes ser vegetariano y llevar una vida saludable o un carnaca adicto a las salchichas Tesco (que llevan de todo menos carne). Puede sonar a perogrullo, pero hay mucho perogrullo suelto.

Para mí la única razón para ser vegetariano es ética, no de salud. Si quieres hacerte vegetariano porque te han dicho que esto es muy sano y en vez de sangre empieza a circularte savia por las venas, lee un poco sobre nutrición y no hagas el canelo. No hagas caso de todo ese rollo de lo “natural” es bueno (la cicuta también es natural y yo no me la echo a la ensalada con unos rabanitos), seamos “naturales”.  Yo no voy a ganar más adeptos a La Causa por decir que ser vegetariano es sanísimo, te convierte en Charlize Theron y si comes sólo almendras te salen unos pechos como la Vía Láctea. Creo en la honestidad y mi único activismo es culinario: demostrar que se puede comer rico y variado prescindiendo de animales todo lo posible. De hecho, quienes me conocen saben que yo no saco el tema ético con nadie si no me preguntan (al contrario: son los demás quienes me preguntan y una nada escasa porción de la gente curiosa se siente ofendida cuando digo que soy vegetariana, como si eso les pareciera un insulto). Dicho en fino: procuro no tocarle los cojones a nadie. Mucho menos voy a engañarles.

Tapenade de aceitunas

Tape, tape, tapenade, tapetapetape, ven a mí, ven a mí

Con este tapenade, cuando haces tap, ya no hay stop.

Lo que yo le puse:

  • 200 gr de aceitunas negras deshuesadas
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cucharada de alcaparras
  • 1 cucharita de tomillo
  • 1 cucharita de orégano
  • 1 hilillo de oporto (o de jerez)
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta

Lo que yo hice:

  1. Poner todos los ingredientes menos el aceite en el vaso de la Thermomix y triturarlo todo durante 2 minutos usando las velocidades progresivas que me petaban en ese momento (de 5 a 9, con más o menos caña). También se puede hacer con la batidora o incluso con el mortero.
  2. Cuando estaba todo con la textura adecuada (donde “adecuada” quiere decir que no encontraba trozos gordos de nada), eché el hilillo por el bocal mientras lo mezclaba todo a velocidad 3 durante unos segundos.

La receta original lleva también anchoas, pero os contaré un secreto: los ovolactovegetarianos tampoco comemos anchoas. Ovo-lacto-vegetariano. Aun así, los amigos piscívoros disfrutaron untando ese ungüento con gemiditos de placer mientras jugaban al Ars Magica y pasaban hambre y frío en Transilvania 😉

Aparte de untarlo en el pan, a mí me encanta con berenjenas o con tomate asado al horno.  ¡De toma, pan y moja!

Carpaccio de calabacín

¿Qué tal todos, queridos ñampa zampas?

Hace unos días tenía pensado publicar una receta de estofado de azukis, porque en algunos sitios del planeta caía un granizo gordo como huevos de Pascua, en otros caían chuzos de punta y yo me tuve que poner una noche mi abrigo de gótica para salir. Ahora el calor empieza a apretar, las jamonas se doran al sol y parece que se acerca el verano. Esta receta, hablando de jamonas, se la dedico a mi amiga Mel, para que se meta un calabacín crudo pal’cuerpo y lo incorpore a su dieta. ¡Ánimo, valiente!

Carpaccio para machos con dedacos en el plato

La histora del carpaccio de calabacín comienza un día en casa de unos amigos de la sierra. La cara que puse al ver un calabacín servido crudo fue la misma que la de ver unos champiñones crudos en una ensalada por primera vez: ¿pero queréis matarme o qué? ¿Esto se puede comer crudo? ¿Pero… pero… pero… una verdura cruda? ¡De toda la vida se cocinan, oiga! ¡Si Dios hubiera querido que las comiésemos crudas no nos habría dado sartenes! ¡Es el apocalipsis! (Yo es que era muy tradicional.) Cuando lo probé me parecía que estaba de ñaca ñaca: unas tiras de calabacín, un poco de aceite, sal, parmesano rallado. Yo en casa le añadí las aceitunas picadas; a veces unas alcaparras también quedan de vicio. Es fácil de hacer (hasta para ti, soltero de oro) y además sirve para incluir más alimentos crudos en la dieta, que dicen que es muy bueno. Y ya si los comes con una Powerbalance en la muñeca quedas de lo más natural, pascual. Sum, sum.

Lo que yo le puse:

  • 1 calabacín pequeño
  • Aceitunas picadas (aceituna verde, aceituna negra, de Aragón, de Campo Real, aceituna de seda, aceituna mordedora… Pueden ser alcaparras también)
  • Aceite
  • Sal
  • Pimienta (unas vueltas del molinillo Toque Pimienta)
  • Parmesano rallado (si es en el momento, mejor que me mejor)

Lo que yo hice:

  1. Cortar los calabacines con mi cuchillo Sweeney Todd en tiras lo más finas posibles (ejem… un pelapatatas es lo mejor). Alguna quedó gorda como picha de burro, pero es que me falta práctica.
  2. Disponerlas en un plato de forma fina y elegante. Que soy una señora.
  3. Picar las aceitunas sin hueso con una pizca de paciencia.
  4. Echar encima de las tiras de calabacín las aceitunas, el aceite, la sal, la pimienta y, por último, el parmesano rallado.
  5. Zampar tiras de calabacín como si fuera Diana de V: con el gaznate bien arriba y de perfil.

Intentadlo en casa.

Salvaje, con setas

Ni más ni menos lo que he comido hoy: una crema de espárragos verdes (ya veréis qué divertido me huele el pis después…) y una mezcla de arroces salvajes con setas de cardo. Yummy, yummy. Lo mejor de todo es que ¡estoy a dieta! Matizaré lo que quiere decir “estar a dieta” en el zacaidioma. En el zacaidioma quiere decir en primer lugar que estoy intentando modificar mi forma de comer (¡están locos estos vegetarianos!, grita el vecino del cuarto); en segundo lugar, que quiero perder unos kilos. Lo de modificar mi forma de comer significa reducir el consumo de hidratos de carbono. Cuando me hice vegetariana tenía claro que tenía que controlar lo máximo posible cuántos hidratos de carbono consumía y no caer todos los días en una bacanal de arroces, pastas y patatas. Lo de los azúcares refinados ya es otro cantar: cuánto vicio romano tengo que abandonar. De momento, me he comprado néctar de ágave para sustituir el azúcar en los postres, pero como hasta dentro de un mes no me toca postraco tendré que esperar para ver el resultado. Una amiga me prestó un libro sobre la famosa dieta Montignac y… así hemos llegado a esto.

Así que en este momento dieta de mi vida, los dioses pusieron frente a mí una mezcla de arroces salvajes Montignac friendly. Los dioses disponen y yo pongo el resto.

¡Hey! Soy salvaje porque el campo me hizo así

Lo que yo le puse:

200 gr de mezcla de arroces salvajes (rojo, negro y basmati integral)

1 cebolla mediana

1 bandejita de setas de cardo

2 dientes de ajo

1 chupito de Oporto

1/2 vaso de Pedro Ximénez

1 chorrito de salsa de soja

Lo de los alcoholes para cocinar es una gran excusa para llenar tu despensa de exquisiteces espiritosas sin que los demás sospechen: “cariño, no es que sea alcohólica, es que soy gourmet: ¡pues claro que es para cocinar!”. Sea como sea, hay pocos platos que se libren de un chorrito de vino blanco por ahí, un chupito de Oporto por allí, un Jerez por acullá… *Hic, hic*.

Lo que yo hice:

1. Poner a calentar agua en la Thermomix: llenamos el vaso hasta donde marca I y programamos 100 grados y 10 minutos a velocidad 3.

Es que me encanta cómo me quedan los arroces en la Thermomix. A mí antes [momento de anuncio de detergentes ON] me quedaba siempre lo que llama mi amiga Mayte un “arroz solidario”: todo bien pegado haciendo una bola; pero desde que tengo la Thermomix y su cestillo de la gloria, el arroz me queda mucho más suelto y al dente [momento de anuncio de detergenes OFF]. Si tenéis una técnica “a pelo” mucho más depurada que la mía, podéis hacer la cocción en olla normal el tiempo necesario. Os aviso que son 45 minuten del ala. Salvajada de tiempo de cocción.

2. He dejado el arroz en remojo durante media hora, remojado preventivo lo he llamado yo. Después, lo he lavado bien hasta dejarlo bien limpio y que el agua saliera clara como de cervatillos bebiendo en límpidos manantiales.

3. Cuando el agua ha empezado a hervir, he añadido al agua tres cubiletes de caldo de verduras y el chupito de Oporto. He cortado y picado con saña una cebolla como en una escena de Instinto Básico y se la he añadido al arroz junto a dos buenos dientes de ajo.

4. Bien mezclado todo, he puesto el arroz con la cebolla y el ajo en su cestitto y he programado 45 minutos, 100 grados y velocidad 4.

5. Pasados los 45 minutos, he sacado el cestito y me he puesto a limpiar la bandejita de setas de cardo (que venían a ser 5, pero gordas). Las he dejado lavadas, limpiadas y desprovistas de tronco.

6. En una sartén bien grande, le he echado un pelín de aceite y… ¡fuego a tope! He echado las setas a la sartén cuando he visto que el aceite ya estaba caliente y, cuando empezaban a dorarse, el medio vasito de Pedro Ximénez.

7. Una vez se ha consumido el alcohol, he echado el arroz a la sartén y lo he salteado con un chorrito de salsa de soja.

8. He emplatado a la buena de Dios (quiero, ¡quiero!, quiero uno de esos aros de emplatar para servir el arroz), le he sacado una foto mientras la vecina de en frente me observaba con interés (ah, la vida del blogger, qué dura es) y ¡a zampaaaaar!

Salvajada de arroz, señora

Estaba delicioso.

Esto (NO) es una caponata siciliana

Caponata Siciliana

Sí. Ca-po-na-ta. No es la prima de la gallina de Barrio Sésamo ni la prima del capone de la mafia. Es una comida típica de Sicilia que probé por primera vez cuando estuve allí el verano pasado. Desconozco su origen y el significado de su nombre pero, omá, qué plato más rico para quien le gusten las berenjenas. Allí en Sicilia me contaron que el nombre viene de la caupona, el nombre en latín vulgar con el que llamaban a la taberna del puerto. En la caupona del puerto todo era zaca, zampar y zarpar, pues los recios marineros tomaban algo casero antes de embarcarse. Una especie de pisto a la siciliana.

Así que no penséis que este plato es poco viril porque no lleva rabo de toro hecho pedazos: coged la cuchara y pensad en esos musculosos marineros engullendo como bueyes y decid conmigo “arrrrrr, marinero”.

"A los marrrineros nos gustan las berrrenjenas gorrrdas"

4 berenjenas
1 pimiento rojo (para hacer bulto, porque la receta original no lleva pimiento)
1 ramita de apio
2 cebollas
4 dientes de ajo
200 gr de aceitunas negras sin hueso
1 cucharada de alcaparras
1 cucharada de piñones
1 chorro de Ketchup (ejem, si un siciliano lee esto mañana amanezco con la cabeza de un caballo a mis pies: la receta original lleva una salsa de tomate natural hecha con tomates pera, nada más y nada menos)
Albahaca fresca
Sal
Pimienta

La receta lleva apio, sí, pero, argh, nunca más. Las siguientes veces que la hice no le volví a echar la ramita de apio esa porque fue lo único que no me gustó: el sabor del apio. Pero, oye, si te gusta el riesgo dale al apio, macarena. La receta también requiere tomates pera para hacer la salsa pero, como no tenía suficiente de nada, reconozco que le eché un buen chorro de ketchup del Mercadona y encima me encantó. Las siguientes sí que hice la salsa de tomate con tomates de verdad, no pera, sino de rama. O salsa de tomate con tomate triturado. Pero, oye, que cada uno tunee su receta como quiera. ¡Libertad para las recetas! Free the recipes!

Lo que yo hice:

1. Cortar las berenjenas en cubitos. A mí me gustan con piel, pero podéis circuncidarlas si no os gusta el pellejito. Las desflemé durante una hora dejándolas en un escurridor, con sal espolvoreada por encima.

2. Freí las berenjenas en abundante aceite caliente. Cuando estuvieron hechas, las colé y las dejé sobre papel de cocina para que abosrbieran el exceso de grasa. Las berenjenas chupan grasa como toda la cocina de un McDonalds, así que id bien pertrechados de papel.

3. Poché las cebollas con los dientes de ajo picados en la sartén con un fondo de aceite hasta que estuvo dorada, con cuidadín para que los ajos no se quemaran.

4. Añadí entonces el pimiento, cortado en juliana y lo dejé durante otros diez minutos. Aquí tendría que haber echado la salsa de tomate, los tomates pera o el tomate triturado para que se hiciera a fuego medio durante 20 minutos. Pero como no tenía ni tomate triturado ni tomates ni salsa le eché un chorro de ketchup con toda la desfachatez del mundo.

5. Cuando empezó a ablandarse, pasados unos diez minutos, eché las alcaparras escurridas, las aceitunas y los piñones. Mientras, me puse a bailar el Mother de Danzig espumadera en mano. La vecina del bloque de enfrente me miró mal.

6. Después, le eché las berenjenas reservadas y escurridas y la pimienta. Lo mezclé bien.

7. Por último, le eché las hojas de albahaca y lo dejé reposar en el fuego durante cinco minutos más. Como ese día tenía tanta hambre que me habría comido al marinero del puerto, freí unos patatones para acompañar. Hay días de esos en los que te despiertas con ganas de grasuza.

Berrenjenas gooorrrdas con patatas gooorrrrdas

Éste es un plato que se suele servir frío o templado, como entrante o como guarnición. Yo prefiero servirlo caliente, hell yeah.

Zaca y a zampar, zacófilos.