Archive for the 'Zacaplatos principales' Category

Crema de berenjena a la rima asonante con pistacho

Ninguna berenjena fue torturada en la preparación de esta crema

Me guuuuusta la berenjeeeeeena, dame más berenjeeeeena.

Sé que he sido una blogger mala, muy mala, por no actualizar en tanto tiempo. No tengo excusa, no tengo vergüenza, no tengo seguidores, ¡no tengo nada! Me pondré una A en el pecho y la llevaré ante todos como muestra de penitencia. Y ahora, nos dejamos de mandangas, ¿sí?

La berenjena es una hortaliza a la que dedicaría poemas enteros: la berenjena, la hortaliza del Goatse. ¿A que soy única abriendo el apetito del internauta? Pues bien, estaba yo un día rodeada de berenjenas gigantes (a la familia Zaca le ocurren esas cosas: que pagan sus servicios con hortalizas. Esa fama tenemos) y no sabía qué hacer. Como soy una señora decente y respeto la sensibilidad de las hortalizas, descarté la idea de utilizarlas como juguete sexual y elegí la transgresora idea de cocinarlas. Eran muchas, muy gordas, me observaban amenazantes dentro de una bolsa verde y yo pensé: crema. Se me cayó una bolsa de pistachos al suelo y me dije: crema con pistachos. Esto ocurrió hace meses, no me preguntéis por los detalles de la receta porque no me acuerdo. Ay, pequeños vagos: que queréis que os lo den todo hecho.

Lo que yo le puse:

  • 1 cebolla gorda cual teta de Russ Meyers
  • 1 puerraco de Puerto Urraco
  • 3 berenjenas hermosas cual nínfula gozosa
  • 2 cucharadas de tomate triturado
  • 130 gr de pistachos chachos
  • Caldo de verduras, generosa
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 chorrito de Jerez (ahí va, qué chorrazo)
  • Tomillo, que te la pillo
  • 1 pizca de comino luciferino
  • 1 pizca de nuez moscada, descuartizada

Lo que yo hice:

Cocinarlo todo hasta dejar una crema. ¡Que aproveche! Espero que sigáis visitando mi blog.

Vale, vale, intentaré recordar mediante una sesión de hipnosis. Eres una Thermomix, mira este péndulo, eres una Thermomix, Thermomix, izquierda, derecha, Thermomix. ¿Qué recuerdas de esos días? Las berenjenas, ¡las berenjenas! Estaban por todas partes. Sé que es duro, pero intenta recordar. Soy una Thermomix.

  1. Me metieron una cebolla y lloré. Lloré porque mis cuchillas la hicieron pedacitos a velocidad 5 durante cuatro segundos. Recuerdo que el señor Zaca estaba en el despacho y también lloró. Algún día vendrán a por ti, pero ya no habrá nadie para llorarte.
  2. Aceite, me entró aceite. El aceite en mi vaso, 5 minutos, temperatura Varoma. Póchate, cebolla, pensaba, póchate hasta dorarte: ¡nunca volverás a ser la misma! Creo que antes del pitido solté una risa infernal.
  3. Puerro, puerro en rodajas. Caía puerro en rodajas dentro de mí. No pude hacer nada durante otros 5 minutos a 100 grados. ¡Jodeos, puerros!
  4. Berenjenas desflemadas. También había berenjenas desflemadas y casi me llenaron, no podían ponerme la tapa. Pero me vengué, oh, sí, me vengué: poco a poco fui chupándoles el agua hasta que ya no se pavoneaban tan gordas dentro de mí. ¿Dónde está tu dios ahora, eh, berenjena!, gritaba mientras daban vueltas las cuchillas. 10 o 15 minutos las tuve ahí, no recuerdo bien, hacía mucho calor. El vapor, el vapor…. ¡nooooo!
  5. Tomate triturado, era de la marca Hacendado. ¡Los cerdos me meten marca Hacendado! Perdedores. Y yo no podía hacer nada por quitármelo de ahí, cubriendo el puerro, la cebolla, las berenjenas, mancillando mi acero inoxidable. Caía el tomillo, cayó el vino, y el azúcar, y la sal, y la nuez moscada, el comino… Obligada a trabajar sin descanso, 1o minutos, 100 grados. Está todo muy borroso… no quiero seguir con esto.
  6. ¡Pistachos! ¡Los hijos de puta me tiran pistachos como si fuera un elefante del zoo! Eran muchos, un puñado enorme de ellos riéndose, cayendo en paracaídas. Quise triturarlos, pero no me dejaron. Solo pude darles vueltas y vueltas, despacio, durante unos minutos. Pero algún día me vengaré, oh, sí, me vengaré y escupiré sus pedacitos en mis paredes.
  7. Caldo de verduras. Qué finos los señoritos. ¿Cuándo parará esto? Todavía 15 minutos más. 100 grados. Intenté engañarles y ponerme en Varoma a ver si se les jodía el invento, pero mi reprogramación vengativa aún no funciona. Dadme tiempo.
  8. Terminó. Me dejaron hacer lo que más me gusta: triturar hasta que no quede ni un solo trozo de esas malditas verduras con las que me humillan cada vez. Quería hacerlo rápido, pero tuve que esperar a que bajara la temperatura. Intenté que saltara el cubilete a ver si le quemaba un párpado a algún estúpido humano, pero no hubo suerte.
  9. Escuché cómo barajaban la posibilidad de enchufarme nata, pero me dejaron por fin descansar de esta humillación de receta, los muertos de hambre comecebollas. Descansad, humanos, descansad. Tenéis que dormir y algún día despertaréis conmigo a vuestro lado, mientras pongo el Turbo con vuestras cabezas dentro. ¡Bawhahaha!

Satu, satúramelo, satu, satura mi corazón

Salvaje, con setas

Ni más ni menos lo que he comido hoy: una crema de espárragos verdes (ya veréis qué divertido me huele el pis después…) y una mezcla de arroces salvajes con setas de cardo. Yummy, yummy. Lo mejor de todo es que ¡estoy a dieta! Matizaré lo que quiere decir “estar a dieta” en el zacaidioma. En el zacaidioma quiere decir en primer lugar que estoy intentando modificar mi forma de comer (¡están locos estos vegetarianos!, grita el vecino del cuarto); en segundo lugar, que quiero perder unos kilos. Lo de modificar mi forma de comer significa reducir el consumo de hidratos de carbono. Cuando me hice vegetariana tenía claro que tenía que controlar lo máximo posible cuántos hidratos de carbono consumía y no caer todos los días en una bacanal de arroces, pastas y patatas. Lo de los azúcares refinados ya es otro cantar: cuánto vicio romano tengo que abandonar. De momento, me he comprado néctar de ágave para sustituir el azúcar en los postres, pero como hasta dentro de un mes no me toca postraco tendré que esperar para ver el resultado. Una amiga me prestó un libro sobre la famosa dieta Montignac y… así hemos llegado a esto.

Así que en este momento dieta de mi vida, los dioses pusieron frente a mí una mezcla de arroces salvajes Montignac friendly. Los dioses disponen y yo pongo el resto.

¡Hey! Soy salvaje porque el campo me hizo así

Lo que yo le puse:

200 gr de mezcla de arroces salvajes (rojo, negro y basmati integral)

1 cebolla mediana

1 bandejita de setas de cardo

2 dientes de ajo

1 chupito de Oporto

1/2 vaso de Pedro Ximénez

1 chorrito de salsa de soja

Lo de los alcoholes para cocinar es una gran excusa para llenar tu despensa de exquisiteces espiritosas sin que los demás sospechen: “cariño, no es que sea alcohólica, es que soy gourmet: ¡pues claro que es para cocinar!”. Sea como sea, hay pocos platos que se libren de un chorrito de vino blanco por ahí, un chupito de Oporto por allí, un Jerez por acullá… *Hic, hic*.

Lo que yo hice:

1. Poner a calentar agua en la Thermomix: llenamos el vaso hasta donde marca I y programamos 100 grados y 10 minutos a velocidad 3.

Es que me encanta cómo me quedan los arroces en la Thermomix. A mí antes [momento de anuncio de detergentes ON] me quedaba siempre lo que llama mi amiga Mayte un “arroz solidario”: todo bien pegado haciendo una bola; pero desde que tengo la Thermomix y su cestillo de la gloria, el arroz me queda mucho más suelto y al dente [momento de anuncio de detergenes OFF]. Si tenéis una técnica “a pelo” mucho más depurada que la mía, podéis hacer la cocción en olla normal el tiempo necesario. Os aviso que son 45 minuten del ala. Salvajada de tiempo de cocción.

2. He dejado el arroz en remojo durante media hora, remojado preventivo lo he llamado yo. Después, lo he lavado bien hasta dejarlo bien limpio y que el agua saliera clara como de cervatillos bebiendo en límpidos manantiales.

3. Cuando el agua ha empezado a hervir, he añadido al agua tres cubiletes de caldo de verduras y el chupito de Oporto. He cortado y picado con saña una cebolla como en una escena de Instinto Básico y se la he añadido al arroz junto a dos buenos dientes de ajo.

4. Bien mezclado todo, he puesto el arroz con la cebolla y el ajo en su cestitto y he programado 45 minutos, 100 grados y velocidad 4.

5. Pasados los 45 minutos, he sacado el cestito y me he puesto a limpiar la bandejita de setas de cardo (que venían a ser 5, pero gordas). Las he dejado lavadas, limpiadas y desprovistas de tronco.

6. En una sartén bien grande, le he echado un pelín de aceite y… ¡fuego a tope! He echado las setas a la sartén cuando he visto que el aceite ya estaba caliente y, cuando empezaban a dorarse, el medio vasito de Pedro Ximénez.

7. Una vez se ha consumido el alcohol, he echado el arroz a la sartén y lo he salteado con un chorrito de salsa de soja.

8. He emplatado a la buena de Dios (quiero, ¡quiero!, quiero uno de esos aros de emplatar para servir el arroz), le he sacado una foto mientras la vecina de en frente me observaba con interés (ah, la vida del blogger, qué dura es) y ¡a zampaaaaar!

Salvajada de arroz, señora

Estaba delicioso.

Esto (NO) es una caponata siciliana

Caponata Siciliana

Sí. Ca-po-na-ta. No es la prima de la gallina de Barrio Sésamo ni la prima del capone de la mafia. Es una comida típica de Sicilia que probé por primera vez cuando estuve allí el verano pasado. Desconozco su origen y el significado de su nombre pero, omá, qué plato más rico para quien le gusten las berenjenas. Allí en Sicilia me contaron que el nombre viene de la caupona, el nombre en latín vulgar con el que llamaban a la taberna del puerto. En la caupona del puerto todo era zaca, zampar y zarpar, pues los recios marineros tomaban algo casero antes de embarcarse. Una especie de pisto a la siciliana.

Así que no penséis que este plato es poco viril porque no lleva rabo de toro hecho pedazos: coged la cuchara y pensad en esos musculosos marineros engullendo como bueyes y decid conmigo “arrrrrr, marinero”.

"A los marrrineros nos gustan las berrrenjenas gorrrdas"

4 berenjenas
1 pimiento rojo (para hacer bulto, porque la receta original no lleva pimiento)
1 ramita de apio
2 cebollas
4 dientes de ajo
200 gr de aceitunas negras sin hueso
1 cucharada de alcaparras
1 cucharada de piñones
1 chorro de Ketchup (ejem, si un siciliano lee esto mañana amanezco con la cabeza de un caballo a mis pies: la receta original lleva una salsa de tomate natural hecha con tomates pera, nada más y nada menos)
Albahaca fresca
Sal
Pimienta

La receta lleva apio, sí, pero, argh, nunca más. Las siguientes veces que la hice no le volví a echar la ramita de apio esa porque fue lo único que no me gustó: el sabor del apio. Pero, oye, si te gusta el riesgo dale al apio, macarena. La receta también requiere tomates pera para hacer la salsa pero, como no tenía suficiente de nada, reconozco que le eché un buen chorro de ketchup del Mercadona y encima me encantó. Las siguientes sí que hice la salsa de tomate con tomates de verdad, no pera, sino de rama. O salsa de tomate con tomate triturado. Pero, oye, que cada uno tunee su receta como quiera. ¡Libertad para las recetas! Free the recipes!

Lo que yo hice:

1. Cortar las berenjenas en cubitos. A mí me gustan con piel, pero podéis circuncidarlas si no os gusta el pellejito. Las desflemé durante una hora dejándolas en un escurridor, con sal espolvoreada por encima.

2. Freí las berenjenas en abundante aceite caliente. Cuando estuvieron hechas, las colé y las dejé sobre papel de cocina para que abosrbieran el exceso de grasa. Las berenjenas chupan grasa como toda la cocina de un McDonalds, así que id bien pertrechados de papel.

3. Poché las cebollas con los dientes de ajo picados en la sartén con un fondo de aceite hasta que estuvo dorada, con cuidadín para que los ajos no se quemaran.

4. Añadí entonces el pimiento, cortado en juliana y lo dejé durante otros diez minutos. Aquí tendría que haber echado la salsa de tomate, los tomates pera o el tomate triturado para que se hiciera a fuego medio durante 20 minutos. Pero como no tenía ni tomate triturado ni tomates ni salsa le eché un chorro de ketchup con toda la desfachatez del mundo.

5. Cuando empezó a ablandarse, pasados unos diez minutos, eché las alcaparras escurridas, las aceitunas y los piñones. Mientras, me puse a bailar el Mother de Danzig espumadera en mano. La vecina del bloque de enfrente me miró mal.

6. Después, le eché las berenjenas reservadas y escurridas y la pimienta. Lo mezclé bien.

7. Por último, le eché las hojas de albahaca y lo dejé reposar en el fuego durante cinco minutos más. Como ese día tenía tanta hambre que me habría comido al marinero del puerto, freí unos patatones para acompañar. Hay días de esos en los que te despiertas con ganas de grasuza.

Berrenjenas gooorrrdas con patatas gooorrrrdas

Éste es un plato que se suele servir frío o templado, como entrante o como guarnición. Yo prefiero servirlo caliente, hell yeah.

Zaca y a zampar, zacófilos.

Paté de champiñón al Oporto

Cántame, pitusa, la faloria del champiñón entero
que después de rendirse ante la sacra deidad Cebolla
anduvo cociéndose largo tiempo en el puchero

De todos es sabido, oh seguidores en la sombra, que las grandes maravillas de la vida surgen de la descomposición. Si no me creéis, pensad en nuestras neveras, ese universo que lucha contra la entropía. Tú abres la puerta, coges somnoliento un trozo de queso y el olor te indica el lugar del misterio: esos champiñones que compraste la semana pasada empiezan a cambiar de color y amenazan al resto de la tripulación.

No temas. Yo vengo del futuro y te traigo una solución: el paté de champiñones al Oporto, un compost que alegrará vuestras tripas y vuestros corazones. Diez de cada tres frikis comecarne lo aprueban.

¿Os sabéis el chiste de la monja y el champiñón? ¡Champiñón, champiñón...!

Lo primero que hay que hacer es salvar nuestros champiñones de una muerte lenta y espeluznante y ofrecerles una mucho más rápida y honrosa. Para ello podéis utilizar cualquier instrumento de sacrificio que tengáis a mano: sartén, Thermomix, la olla de la abuela… La simbología del ritual os la dejo a vosotros y confío en que imitaréis a los más grandes. Como hice yo, que me paseé por la cocina al ritmo triunfal de “no pueeedoor, no pueedooor” del Gran Chiquito -Dios le conserve las piernas- con la cuchara en alto, pidiendo lluvias y bendiciendo a los “champiñooooooners que vienen de Bonanza” por la gloria de su madre.

Lo que yo le puse:

1 bandeja de champiñones
1 cebolla hermosa y oronda
1 diente de ajo
4 biscotes (remojados en leche)
1 vasito de Oporto
Tomillo
Pimienta
Sal

Lo que yo hice:

1. Después de la danza ritual, corté la cebolla y la dejé pochar en la sartén (o en la Thermomix: trituré la cebolla y el ajo 4 segundos a velocidad 5 y la dejé pochar 5 minutos, 100 grados y velocidad 1).

2. Cuando la cebolla empezó a dorarse (do-rar-se… no es un término difícil; dorado es un color, dorado como el escudo de Aquiles), añadí el diente de ajo picado y dejé que la naturaleza siguiera su curso.

3. Sentí la llamada de la naturaleza cuando pude leer los designios del gran Zeus tempestuoso a través de la cebolla, oh, pitonisas del mocho y la cuchara de madera. A su señal, eché los champiñones escogidos . No sufrí pues supe que había hecho lo correcto.

Elige tu propia aventura:

  • Si sois tecnócratas y tenéis la Thermomix, programáis el sacrificio a 15 minutos, 100 grados y velocidad 1.
  • Si sois clásicos y oléis a madera, habréis de aguzar vuestra mirada de Aragorn y esperáis hasta que los champiñones empiecen a coger ese color que agrada a los dioses.

4. Pasados 5 minutos de Thermomix (o el tiempo que Zeus Amontonador de Champiñones otorgue si sois clásicos), añadí el vasito de Oporto y el tomillo y presenté mis respetos a Atenea, la de los ojos glaucos de tanta cebolla.

5. No hay que apresusarse. El paté es para los que saben esperar. Esperé pacientemente a que el agua se hubiera evaporado para avanzar hacie el siguiente umbral. Una vez llegado el momento (sólo los puros de corazón lo sabrán), eché las biscotes previamente remojados en leche y, tras un par de vueltas, me puse a triturar. Es la mejor parte, triturar, te pone berserker.

Elige tu propia aventura:

  • Si sois servidores de la tecnología –hellraisers de los watios, el acero y las cuchillas– podéis triturarlo todo durante un minuto, velocidad progresiva 5-10 o hasta que veáis que el compost tiene el aspecto que queréis.
  • Si sois clásicos –heracles que coméis con los dedos y las tortas de maza– podéis triturarlo todo con vuestros nudillos o las pezuñas de una mula, o bien usar una batidora. Yo no sé lo diré a nadie.

6. Sazonar con sal y pimienta como agrada a mi paladar, espolvorear unas semillas de sésamo por encima como Deméter reparte trigo a diestro y siniestro y… ¡zaca y a zampar!

Esté paté ha sido testado en humanos comecarne

Callos vegetarianos con Thermomix

Parece una combinación de lo más extraña, ¿no? ¿Callos? ¿Vegetarianos! ¿¿Con Thermomix!! ¿¿¿Una vegetariana con Thermomix!!!

Pues sí. Estas navidades me cayó la Thermomix. Me contaba mi novio, con mucha más gracia que yo, que cuando fue a preguntar a uno de esos templos del robot de cocina que son las tiendas de la marca, lo primero que quiso saber era si podíamos usarla los vegetarianos. En aquel momento, un montón de señoras dejaron de atender a los platos que cocinaban y el silencio reinó en el templo. “Pues claro”, le dijo una de ellas entre sorprendida e indignada por el destino de aquel futuro vaso que no abrazaría ninguna clase de bicho.

Pero con una pregunta así, ¿no me diréis que mi novio no es para llenarle de mimos?

He probado ya unas cuantas recetas del recetario que te “regalan” con la maquinita, pero como la mayor parte de los platos que vienen llevan algo de animal, estoy empezando a investigar. El resultado de hoy son unos callos vegetarianos, o unos garbanzos con seitán, que suena menos amenazador. “Callos vegetarianos” es un nombre para intentar engañar a los carnívoros (que levantarán escépticos una ceja al oír la palabra “vegetariano” al tiempo que entornan el otro ojo hacia los callos) en el día de la “carnaza vegetal”. Siempre he querido hacer un día de la “carnaza vegetal”: invitar a todos mis amigos carnívoros a un buena hinchazón de panza a base de soja, seitán, tempeh y todas las mutaciones que se me ocurran. Si algún día me decido a hacer el día de la carnaza vegetal, esto puede ser un gran primer plato.


Lo que yo le puse

1 pimiento verde
1 cebolla
4 dientes de ajo
1 cucharada de tomate triturado
300 gr de seitán
1 bote de garbanzos cocidos
1/2 litro de caldo vegetal
1/2 cucharadita de pimienta de cayena
1 cucharada rasa de pimentón dulce
1/2 cucharadita de pimentón picante
Tomillo al gusto
1 hoja de laurel
50 gr de aceite de oliva
Una pizca de sal

Lo que yo hice

1. Trocear el pimiento, la cebolla y los ajos durante 5 segundos a velocidad 4.
2. Poner el aceite y sofreir 1o minutos a temperatura Varoma, giro a la izquierda, velocidad cuchara.
3.Añadir el tomate, la cayena, y el pimentón dulce y picante con cuidado de que no se nos vaya la mano con el picante o no podremos terminar el plato (o lo terminaremos pero tendremos el colón irritado durante todo el día). Mezclar 4 segundos a velocidad 3.
4. Añadir el seitán, el caldo, una hoja de laurel, un poco de sal. Programar 3 minutos, Temperatura Varoma, velocidad cuchara.
5. Añadir los garbanzos y programar 10 minutos, 100 grados, giro a la izquierda, velocidad cuchara.

Servir y zampar, no sin antes recitar las oraciones correspondientes.

Lentejas

Con estos días de frío y nieve lo que más apetece es un buen plato humeante de legumbres. Las clásicas lentejas admiten muchas variaciones según las preferencias de cada uno: ¿algas para darle más sabor marino?, ¿huevo cocido picado?, ¿setas?, ¿pimientos?, ¿un tomate troceado y pelado? Es cuestión de ir probando y zampando, por supuesto.

Lo que yo le puse

200 gramos de lentejas Pardinas

1 patata mediana

2 zanahorias

1 cebolla grande

1 cabeza de ajo

1 puerro

1 chorizo vegetal*

Agua o caldo de verduras

1 hoja de laurel

1 cucharada de pimentón

Sal

Pimienta

Tomillo

*Lo compré de la marca Ahimsa para probar. No es la pera, pero le da un toque a las lentejas.

Lo que yo hice:

1. Pelar y cortar la cebolla en trozos finitos. Pocharla en la olla con el aceite que habremos calentado. Dejarla hasta que empiece a estar transparente.

2. Pelar y cortar la patata, el puerro y las zanahorias en trozos medianos.  A mí me gusta que no sean demasiado pequeños porque me agrada encontrarme los trozos cuando como, en vez de que estén deshechos con el guiso.

3. Echamos el puerro y la zanahoria  y lo dejamos cocer a fuego medio durante 5 minutos.

4. Pasado ese tiempo, con una cuchara de madera hacemos un hueco en el centro de la olla y echamos una cucharada rasa de pimentón. Deshacemos, mezclamos y removemos bien para que todas las verduras tomen su sabor.

5. Añadimos caldo de verduras (o agua en la misma cantidad) hasta cubrir completamente, la hoja de laurel, la cabeza de ajo y los trozos de chorizo vegetariano. La cantidad dependerá de cómo nos gustan las lentejas: si caldosas o espesas. En casa nos gustan más tirando a espesas así que no echo tanto como para llenar la olla.

6. Dejamos cocer a fuego medio durante 15 minutos y echamos la patata cortada a trozos, el tomillo, la pimienta y la sal al gusto.

7. Cocemos durante 30 minutos aproximadamente, a fuego lento, removiendo de vez en cuando para que no se peguen.

8. ¡Listo! Ya tenemos las lentejas listas para servir y ¡a zampar!