Archive for the 'Zacaentrantes' Category

Rollitos de calabacín y aguacate

Rollitos enrollados, bro

 

Esta es una de esas recetas que demuestran que yo no estoy hecha para trabajos finos (soy más de montañas indecentes de chocolate), pero tengo que decir que la idea es buena aunque la ejecución haya sido pésima.

La idea es cortar unas tiras finas de calabacín con una mandolina y enrollarlo dentro con arroz y aguacate. Como no es maki ni se le parece, puede valer un poco de arroz cocido (aunque sea “solidario”, que diría una amiga: pegado en amor y compañía) que tengamos por ahí y rellenarlo con lo que apetezca. También podemos cocer un poco de arroz para sushi y prepararlo igual (mezclando vinagre de arroz y azúcar; eso ponía en el paquete, a mí no me miréis) y enrollarlo con el acompañamiento que más apetezca. Se puede enrollar cualquier otra cosa, hasta puré de patata, qué sé yo. Pero la estrella esa la tira de calabacín crudo, que le da un sabor riquísimo.

Momento fail

Mi momento fail fue cuando me di cuenta de que a lo mejor se me había ido la mano con el largo de la tira y aquello no terminaba de enrollarse nunca. Si el calabacín es muy largo, la próxima vez lo cortaré solo hasta la mitad y creo que con eso es suficiente para enrollar un poco de arroz y rellenarlo, pero seguiré practicando.

Lo que yo le puse:

  • Tiras de calabacín
  • Arroz (no sé cuánto, solo fue para un entrante de ocho rollitos en total… ¿50 gramos? ¡Es que lo queréis saber todo!)
  • Vinagre de arroz
  • Azúcar
  • Aguacate cortado en trocitos
  • Salsa de soja
  • Pizca de wasabi

Lo que yo hice:

  1. Cocer un poco de arroz siguiendo las instrucciones del paquete de la marca Blue Dragon que compré. Primero hay que lavarlo, después de eso hay que dejarlo en remojo y después cocerlo. Una vez esté listo, se le añade un poco de vinagre de arroz y de azúcar. Si fuera para sushi habría que abanicarlo y todo ese rollo para gente con tiempo libre, pero para un entrante sencillo no me apetecía tanto ritual y me salté ese paso. Si sois muy sensibles respecto al noble arte de enrollar arroz japonés en tiras de cosas verdes no sigáis leyendo, por favor, o se os caerán los ojos.
  2. Cuando el arroz estaba ya frío, cogí las tiras de calabacín (cuanto más finas, mejor) y las coloqué a lo largo encima de la mesa de la cocina (limpia y desinfectada, que en esta casa somos gente de bien).
  3. Después, con un arte que haría revolverse en su tumba a los maestros zen de la cocina, me dediqué a colocar el arroz con los dedos (os dije que no siguierais leyendo, yo os avisé) encima de las tiras de calabacín y coloqué en el centro unos trocitos pequeños de aguacate.
  4. Todavía me quedaba arte para luchar con el enrollado y, con tanta gracia que un arquero japonés lloraría de indignación si me viera, me dispuse a darle la forma de rollito al invento, en un acto que parecía no acabar nunca, mientras le hablaba al calabacín (hay gente que habla con sus plantas, yo hablo con mis hortalizas) y le decía con tono reprobatorio: “calabacín, has sido maaaalo…”
  5. Para darle más gracia aun, aplasté un poco los lados con los dedos, así, disimuladamente, y coroné el extremo superior con algún trocito más de aguacate para que se viera bien en la foto. Se le puede añadir (con un poco más de gracia, espero) un poco de de zanahoria, maíz o lo que os pida el cuerpo.
  6. Comérnoslo, con los dedos. Somos gente de bien, pero tampoco tan finos. Zaca y a zampar, ¿qué si no?

 

Los rollitos están enrollados, ¿quién los desenrollará?

 

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Carpaccio de calabacín

¿Qué tal todos, queridos ñampa zampas?

Hace unos días tenía pensado publicar una receta de estofado de azukis, porque en algunos sitios del planeta caía un granizo gordo como huevos de Pascua, en otros caían chuzos de punta y yo me tuve que poner una noche mi abrigo de gótica para salir. Ahora el calor empieza a apretar, las jamonas se doran al sol y parece que se acerca el verano. Esta receta, hablando de jamonas, se la dedico a mi amiga Mel, para que se meta un calabacín crudo pal’cuerpo y lo incorpore a su dieta. ¡Ánimo, valiente!

Carpaccio para machos con dedacos en el plato

La histora del carpaccio de calabacín comienza un día en casa de unos amigos de la sierra. La cara que puse al ver un calabacín servido crudo fue la misma que la de ver unos champiñones crudos en una ensalada por primera vez: ¿pero queréis matarme o qué? ¿Esto se puede comer crudo? ¿Pero… pero… pero… una verdura cruda? ¡De toda la vida se cocinan, oiga! ¡Si Dios hubiera querido que las comiésemos crudas no nos habría dado sartenes! ¡Es el apocalipsis! (Yo es que era muy tradicional.) Cuando lo probé me parecía que estaba de ñaca ñaca: unas tiras de calabacín, un poco de aceite, sal, parmesano rallado. Yo en casa le añadí las aceitunas picadas; a veces unas alcaparras también quedan de vicio. Es fácil de hacer (hasta para ti, soltero de oro) y además sirve para incluir más alimentos crudos en la dieta, que dicen que es muy bueno. Y ya si los comes con una Powerbalance en la muñeca quedas de lo más natural, pascual. Sum, sum.

Lo que yo le puse:

  • 1 calabacín pequeño
  • Aceitunas picadas (aceituna verde, aceituna negra, de Aragón, de Campo Real, aceituna de seda, aceituna mordedora… Pueden ser alcaparras también)
  • Aceite
  • Sal
  • Pimienta (unas vueltas del molinillo Toque Pimienta)
  • Parmesano rallado (si es en el momento, mejor que me mejor)

Lo que yo hice:

  1. Cortar los calabacines con mi cuchillo Sweeney Todd en tiras lo más finas posibles (ejem… un pelapatatas es lo mejor). Alguna quedó gorda como picha de burro, pero es que me falta práctica.
  2. Disponerlas en un plato de forma fina y elegante. Que soy una señora.
  3. Picar las aceitunas sin hueso con una pizca de paciencia.
  4. Echar encima de las tiras de calabacín las aceitunas, el aceite, la sal, la pimienta y, por último, el parmesano rallado.
  5. Zampar tiras de calabacín como si fuera Diana de V: con el gaznate bien arriba y de perfil.

Intentadlo en casa.

Buñuelos de zanahoria con Thermomix

Como decía, hoy es el día de las zanahorias.

Con todos ustedes, los irrepetibles buñuelos de zanahoria adaptados a la todopoderosa Thermomix. Irrepetibles porque no volveré a hacerlos en una temporada. Aunque hay veces en las que del caos surge algo sublime.

Los buñuelos del caos

Lo que yo le puse

400 gr de zanahorias ralladas
100 gr de harina de maiz
50 gr de harina de trigo
1 cucharada de tahini (pasta de sésamo)
1 cucharada de levadura
1 vaso de leche
75 gr de avellanas picadas
1 vasito de Fra Angelico
1/2 cucharita de nuez moscada
1/2 cucharita de Garam Masala
1 cucharita de sal
1 pizca de pimienta blanca
Unas gotas de zumo de limón

Lo que yo hice

1. En el vaso de la Thermomix, trituré las zanahorias durante 10 segundos a velocidad 5. Las saqué con paciencia y las puse a reservar en un bol con unas gotas de zumo de limón, para que no se oxiden.

2. Después, cogí la cebolla, la corté en cuartos y las ofrecí de nuevo en sacrificio al Vaso. A 4 segundos, velocidad 5.

3. Añadí el aceite y puse a dorar la cebolla durante 7 minutos, temperatura Varoma, velocidad 2.

4. Cuando pitó el vaso, añadí las zanahorias ralladas y programé la máquina 10 minutos, 100 grados, velocidad 2. Cuando hubo pasado la mitad del tiempo, añadí la nuez moscada, la cucharita de garam masala, la pimienta y la sal, porque no podía esperar más.

5. Pasado este tiempo, añadí el vasito de Fra Angelico y las avellanas y ordené a mi robot que rehogara todo durante 5 minutos, a 100 grados y velocidad 2.

6. Añadí la cucharada de Tahini y mezclé durante 20 segundos a velocidad 3.

7. Añadí las dos harinas y la levadura y mezclé durante 2 minutos a velocidad 3.

8. Pasado este tiempo, añadí el vaso de leche y mezclé durante 10 segundos a velocidad 5.

9. Dejé cocinar durante 5 minutos todo el mejungue a 100 grados, velocidad 3.

10. Cuando la masa estuvo lista, la dejé enfriar y la coloqué un tiempo en un bol. “Un tiempo” quiere decir hasta la hora de cenar, porque el resto de la tarde estuve haciendo cosas provechosas.

11. Aquí empezó el horror. Cuando vi la mezcla ya enfriada, no parecía que tuviera la consistencia necesaria para soportar el infierno de la sartén. ¿Qué hacer? ¿Añadir más harina de maíz? Lo hice. Un poco. Me froté las manos con harina. Se me quedaba la masa entre los dedos. Un intento de buñuelo se cayó en el suelo de la cocina. Casi me pongo a llorar como un bebé, pero en lugar de eso, pensé en combatir el fuego con fuego y encendí el gas. Coloqué una sartén encima, llena de aceite de oliva y grité “Espaaaarta”.

12. Pues el tópico debió de funcionar. Con una cuchara y mis manos desnudas, cogí la masa por los cuernos y con un poco de harina conseguí hacer con ella formas que iban de lo esférico a lo cilíndrico. Las fui poniendo en el congelador antes de meterlas en la sartén, pero al cogerlas se pegaban en el plato. Otra valiente cayó en el suelo de mi cocina. Yo no desistí. El aceite estaba a punto. Sin congelador, a pelo, fui metiendo las formas esféricas y cilíndricas en la sartén directamente desde la cuchara, con la seguridad de que no resistirían lo que las esperaba.

13. Pero no. Se freían y aguantaban sin deshacerse. Pletórica, fui colocando más y más, y allí dentro verdaderamente parecían metamorfosearse en buñuelos. Otra desafortunada no consiguió llegar a su plato preparado con papel de cocina para absorber el exceso de aceite.

14. Les hice la foto y  serví los buñuelos tal cual ven tal cual ven. Hubo gemidos de satisfacción en el hogar, a Dios gracias. Zaca, y a zampar.

La versión sartén era más sólida, casi como una masa de pan, como se puede comprobar en el documento gráfico siguiente:

Buñuelos de sartén: "La Thermomix es para perdedores"

15. Escribo esto, maldiciendo el caos de mi cocina (que no pienso limpiar hasta mañana) y corto la transmisión para que mi maridín me consuele con algún truño en la televisión.