Archive for the 'Uncategorized' Category

Failberry cake

She’s my faily pie

Sugar pink slaughter

Such a sweet surprise

Tastes like wood

Makes a grown man cry

Sweet faily pie!

 

(Si lo escuchas al revés, es eso lo que dicen)

Cuarto Milenio producciones presenta: El misterio de la failberry cake

La leyenda cuenta que una vez al año, cuando la luna llena, la compunción de planetas hace que la cocina se convierta en una puerta al más allá, un lugar osírico pueden ocurrir cosas inenarrables, donde cualquier cajón, cualquier encimera, cualquier fregadero pueden ser testigos el misterio. La failberry cake, ¿leyenda o realidad? ¿Fresa o demoñíaco alimento? Comenta la leyenda que si los ingredientes (nata, fresa, azúcar… todos ellos mundanos, nada en sí extraño) se unen en un preciso orden puede ocurrir una trashumación de los mismos mediante la cual se invocan presencias extrañas en el plato. Algunos incluso aseveran que si las condiciones son las primicias, pueden aparecer mensajes en el plato. Mensajes inasibles, ¿qué nos quieren comunicar? El misterio sigue imperecedero.

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Empecemos por el principio. La receta original no tenía pérdida y la puede hacer un niño de cuatro años, peeeero la clave está en saber usar el agar agar. Sin agar agar, esa algar (aaaalgaaar) mágica que convierte lo líquido en sólido con un punto de gaseoso, este postre puede ser un batido resultón pero no ese lujurioso pastel de fresa que hace que las mujeres se desnuden con solo probarlo. Echadle agar agar sin miedo (si sois amantes crueles de la gelatina ya sabréis lo que hacer y os dejo solos ante el peligro), que yo me quedé corta y aquello cuajaba menos que un plan de urbanismo diseñado por el Pocero.

¿Fue quizá la desveganización de la receta lo que la maldijo? Nunca lo sabré.

La receta que maté (The Evil Power of Dead Whipped Cream)

  • 100 g galletas maría
  • 50 g margarina
  • 350 g fresas
  • 500 cl nata para montar (fría como de frío siberiano: Desolation of the Frostbitten Blade)
  • 20 g azúcar glas
  • 150 g azúcar
  • 3 cucharadas de postre de agar-agar (ya lo digo, la próxima vez le echaré una cucharada sopera colmada)
  • Fresones como escarpias (unos 8)
  • Mermelada de fresa como si no hubiera un mañana
  • Más agar agar (palabra patrocinada por Arévalo)

La pureza que yo mancillé (Beyond the Frozen Strawberry of the Unholy Fridge)

Ha pasado ya un mes de la perpetración del crimen, pero trataré de transmitiros los detalles para que no cometáis mis errores.

  1. Trituré la margarina y derretí las galletas en el microondas. No, no, al revés. Las galletas se pueden triturar con un mortero o darle un toque de Thermomix hasta que queden como arena del desierto, pero siempre hay que hacerlo con furor vikingo y con música acorde a la tarea. Mezclé los ingredientes e hice una masa trabajable que incorporé al molde con cuidado de que quedara más o menos uniforme. Después dejé enfriar en la nevera.
  2. Batí la nata fría (Cold Like Freezing Wind of the Spectral Forest) con los instrumentos también fríos (Cold Bitch of the Nocturnal Blasphemy). Eso es fácil. Se va montando y cuando coja volumen se le va echando azúcar glas con alegría. Cuando la hube montado y parecía espuma de afeitar, la reservé en la nevera.
  3. Troceé las fresas como si fueran el corazón de una virgen (Sacrifice of Purity Under the Unholy Twilight) y las batí en la Thermomix con un poco de agua (60 ml, según pone la receta original). A partir de aquí, el horror. Se supone que se echa en un cazo, se añade el agar agar y se deja reposar. Bien, eso hice. Agar agar,  reposar, luego llevar a ebullición, esperar un minuto y retirar. Vertí en el bol, pero aquello no espesaba como debiera. Temí lo peor, pero el mal estaba hecho. Dejé enfriar, removiéndolo con una cuchara de vez en cuando, con la obediencia de una carmelita.
  4. Una vez frío, mezclé unas cucharadas de la nata montada con el puré de fresas y, a partir de entonces, con la tranquilidad de una ceremonia del té, lo mezclé todo como una geisha de la repostería. Después, a la nevera de nuevo, donde habría de pasar la noche para que cogiera tono, como una modelo que deja que la brisa helada del congelador le acaricie el rostro para una operación de alisado urgente (Conquering the Unholy Lifting of the Infernal Beauty).

El resultado

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You’ve messed with my cake.

El horror. Llegaba la hora de la comida. El señor Zaca venía hambriento del trabajo y lo que salió de la nevera era una mousse muy poco consistente, pero yo no lo sabría hasta que se me ocurriera la brillante de idea de desmoldarla antes de tiempo mientras cortaba las fresas que iban a servir de decoración. Nunca, nunca, nunca desmoldéis la tarta antes de haberla decorado, aunque imagino que seréis más listos que yo.

Pues bien. Desmoldé. Corté las fresas. Fui a colocarlas en la tarta y descubrí que aquello se iba derritiendo más que el maquillaje de una gótica en Antequera a pleno sol. Horror. En un acto desesperado, decidí volver a colocar el aro del molde como fuera. Para ello tuve que cercenar parte de la tarta, pero daba igual: el señor Zaca iba a llegar y su tarta no estaba lista. Aún había esperanza. Coloqué las fresas y, en otro acto desesperado, metí la tarta en el congelador para que volviera a coger tono: un truco de la Mazagatos que no podía fallar.

Y falló. Y cómo.

Aún quedaba hacer el sirope que cubría las fresas. Trituré a todo correr un par de cucharadas de mermelada de fresa con un poco de sirope y de azúcar glas. Llevé a ebullición 100 ml de agua con la mezcla anterior y media cucharita de agar agar. Saqué la tarta de su operación de urgencia en el congelador y vertí por encima el líquido mientras tarareaba esta canción.

A la hora de servir, gracias a unas decisiones de política española ante la crisis (desesperadas e inútiles) todo estaba medio congelado. Incluso las fresas. Y las fresas siguieron congeladas cuando lo demás empezaba a ser comestible.

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De sabor muy bien, cuando ya no estaba congelada. Pero la textura un fail. Que en los blogs de cocina todo son jijis y jajas, pero a veces ocurren estas cosas.

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Cauliflower superpower (in da nait)

Lo malo de pasar tanto tiempo sin actualizar es que de repente te encuentras con un montón de fotos de comida y ni te acuerdas de cómo narices lo hiciste. Pero, ¡eh!, que esto no es el programa de Arguiñano, tampoco nos vamos a poner puntillosos con cuánto te mide eso, cuánto te pesa aquello…

¿Cuánto te pesa la coliflor?

El otro día hice un cuscús de coliflor (idea que no es mía, el dios de la huerta me libre, me topé con ella por internet sin comerlo ni beberlo) porque, como bien sabe el señor Zaca, todo lo raro tengo que probarlo. Yo le puse el plato con toda su apariencia de cuscus de andar por casa, como siempre, y cuando se lo estaba comiendo le digo: es cuscús de coliflor. No me escupió ni nada, así que debió de gustarle. Me parece una idea estupenda para que los niños coman cosas que no suelen gustarles. Y es que ¿quién fue el primero en probar una coliflor? ¿O un brócoli? ¿Lo hizo a palo seco? ¿Simplemente la mordió y ya, sin miedo en su corazón? ¿Pensó que el mar había llegado a la tierra y que eso era el fin de los tiempos? Porque hay que reconocer que son verduras como de ciencia ficción, verduras de otro planeta que han venido para quedarse, invadir nuestras casas, nuestras cocinas… ¿Quién sabe de qué terrible mundo vienen estos extraños seres que se reproducen por semillas? A mí me tranquiliza que no tengan vainas o no me fiaría de mi esposo…

Cauliflower power, bitches

 

Lo que yo le puse:

  • 1 coliflor grande como… como… ¿un tocador?
  • 2 cebollas grandes como… como… ¿secuoyas?
  • 1 pimiento rojo asado (en el horno, divinamente)
  • 1 calabacín pequeño como… como… ¿un jalapeño?
  • 1 sobre de azafrán el polvo
  • 100 gr de aceitunas negras como… como… ¿suegras?
  • 1 cucharada de albahaca
  • 1 pizca de canela
  • Salta pepa (salt n’ pepper)

 

Lo que yo hice:

1. Limpiar bien la coliflor bajo el chorro de agua fría con toda la furia del rock. Al ritmo de los Twisted Sister, por ejemplo. No sé, algo en la apariencia de la coliflor me dio ganas de escucharlos.

2. Quitar las hojas verdes y los tallos duros, y dejar solo las flores, limpias, blanquitas, como las de una virgen.

3. En la Thermomix (o en cualquier robot de cocina con potencia suficiente para producir una nueva Gran Explosión) triturar los ramilletes de coliflor hasta que quede con una presencia parecida a la del cus cus. En mi caso fueron apenas unos segundos en velocidad 4, si no recuerdo mal. También se puede hacer a cuchillo, mucho más metal, sí, pero más loser también.

4. En una olla hirviendo con agua como para provocar un nuevo diluvio (se me agotan las hipérboles, señora), echamos los ramilletes y los escaldamos durante un par de minutos. Los sacamos y les damos una duchita de agua fría, como si le hubiéramos regalado a la coliflor un circuito de spa, para cortar la cocción.

5. En una olla con aceite (no me puedo resistir a poner esto, la coliflor me obliga) ponemos las dos cebollas cortadas en tiras finas y las rehogamos hasta que estén transparente. No utilicé la Thermomix para hacer esto porque me daba pereza limpiarla, oye.

6. Cuando estuvo pochadita y apetecible, añadí el calabacín cortado en dados y lo dejé rehogar también. Un mayhem de rehogar. Mientras, troceé las aceitunas negras como suegras y las eché al bollo.

7. Añadí la coliflor reservada.

8. Mezclé el sobrecito de azafrán con un poco de agua caliente y lo eché encima del mejunje. Le di unas vueltas para que se impregnara bien y después espolvoreé, con la gracia de una ninfa que pasea por un prado, la albahaca, la sal y la pimienta.

9. Una vez tuve que emplatar, cogí el pimiento rojo que había asado antes, lo corté en tiras y lo puse decorando el plato, con cuidado de tapar aquellos lugares donde el exceso de agua fuera visible para la foto del blog. Sí, se me fue la mano con el “poco de agua caliente”, por eso yo aviso, pero no lo vamos a ir pregonando por ahí, como si esto fuera el Sálvame.

10. Mientras ordenaba al señor Zaca que se lavara las manos y pusiera la mesa, le saqué la foto al plato y… ¡zaca y a zampar!

11. Déjame… que te acaricie el cuscús, déjame…

Bizcocho atigrado

Bizcocho Art Decó

Lo que yo le puse:

Lleva tres huevos
Harina Bizcochona
250 gr

Lleva fructosa
medida a ojímetro
120 gr

De mascarpone
una tarrina llena
grasuza sin fin

Media tarrina
con aceite de oliva
del Mercadona

De Frangelico
no más que un chupito
pues si no es vicio

Cacao en polvo
seis veces la cuchara
habrás de llenar

Ponle canela
si es que te peta
y si no también

Lo que yo hice:

Batir los huevos
con la rica fructosa
sale la espuma

El mascarpone
habrá que añadir también
con el aceite

Bate y bate
disuelve los grumitos
el cielo es azul

La harina vuelca
en el cuenco del amor
es primavera

Otro cuenco más
por el poder de Grayskull
en tu encimera

Divide en dos
esta masa cósmica
el cuenco brilla

Seis cucharadas
cacao en polvo Valor
en todas ellas

Nieva y nieva
se oscurece la masa
enciende el horno

El Frangelico
su sabor de avellana
con chocolate

Y esa canela
que la Fortuna esparce
se me hace tarde

Horno caliente
prepara el molde, nena
con margarina

Vierte la clara
dos cucharadas llenas
en el centro

Luego la oscura
otras dos cucharadas
ojo de Sauron

Sigue cubriendo
acaba con las mezclas
tú a tu ritmo

180 grados
en cuarenta minutos
estará listo

El bizcocho te devuelve la mirada

Sopa de tomate a la albahaca

I say tomaaaaato, you say tomeito…

Esta es una receta sencilla, a la par que elegante. La puedes comer fría, la puedes comer caliente, la puedes comer templada. La puedes comer solo, la puedes comer acompañado, la puedes comer con una mano o con dos. La Thermomix es mi aliada, porque echo los tomates enteros y ella, con su infinito poder, me los transforma y me los devuelve sin piel. Si vas a hacerla con otro robot de cocina será mejor escaldar y pelar los tomates para no terminar escupiendo trozos de piel como un guerrero azteca. “Aquí está tu piel, histérica”.

Tómate la sopa

Lo que yo le puse:

  • 1 kilazo de tomates
  • 1 lata pequeña de tomates pelados
  • 1 cebolla hermoooosa
  • 2 puerracos
  • 4 dientes de ajo
  • 2 manojos de albahaca fresca
  • 2 vasos aprox. de caldo de verdura
  • 1 vaso de vino dulce
  • Aceite
  • Piiiiizca de tomillo
  • Piiiiizca de pimienta
  • Sal
  • Pelín de azúcar

*Esto me dio para llenar dos tupers bien llenados, o sea que puedes calcular la mitad si no quieres estar cenando sopa de tomate durante una semana, como un pobretón.

Lo que yo hice:

  1. Cortar la cebolla, junto con el puerro y el ajo. En la Thermo (como decimos las marus de la secta) eso viene a ser 4 segundos a velocidad 5.
  2. Añadir 2 cucharadas de aceite y programar 7 minutos, temperatura Varoma velocidad 1. Y esto lo pongo por decir algo, porque mi cerebrito de guisante nunca recuerda lo que hizo. Sí, sí, lo sé, tendría que apuntar las recetas.
  3. Cuando termine lo programado, añadir los tomates enteros (menos lo verde, que yo se lo quité por aquello de quítame de ahí eso verde) con un buen manojo de albahaca fresca lavada. Programé 20 minutos, 100 grados y velocidad 2 y me fui a hacer otras cosas que [CENSURADO] Antes de que terminara el tiempo, añadí el vaso de vino dulce (o “vaso de vino, dulce”) y seguí a lo mío.
  4. Pasado ese tiempo, eché los tomates de lata con su jugo, añadí la sal, una pizca de azúcar y el tomillo. Después, el caldo de verdura suficiente para cubrirlo. Programé 10 minutos, 100 grados y velocidad 2 y me puse a hacer cosas interesantes como leer mis feeds sin leerlos.
  5. Terminados los 10 minutos, tuve que esperar a que bajara un poco la temperatura y me puse con la parte más divertida de todas: triturrrrarrr. Sujetando con firmeza el cubilete para que no me salpicara todo por el bocal y terminara tuerta por el chupinazo de un tomate, trituré con el manojo de albahaca restante (bien lavada y bien fresca; como tú, mujer) durante 2 minutos y a distintas velocidades. Aun así, mi ojo de buen cubero no calculó que estaba a punto de sobrepasar los dos litros de máximo que permite el vaso y tuve que quitar un poco para poder seguir triturando a gusto. Unos manchurrones en los azulejos después, ya estaba todo listo para servir.

Vichyssoise de peras

Dije que iba a ser la semana de la hierbabuena, pero también la de las peras.

Esto de la vychissoise de peras ocurrió como se lo voy a contar. Resulta que un día fui a ver una película a casa de unos amigos y, mientras esperaba a que sacaran las palomitas del microondas, me pasaron un libro de cocina. Ésa soy yo: la persona que en la sala de espera hojea las revistas del corazón en busca de recetas. El libro era un tomaco y no pude ver mucho pero algo llamó mi atención al tercer pasar de hojas: vichyssoise de peras. Apenas tuve tiempo de ver lo que llevaba, sólo grité: “¡zaca, vichyssoise de peras!” Luego llegaron las palomitas.

Lo que yo hice fue coger la receta de una vichyssoise normal y añadirle cuatro perotas bien gordas y unas hojitas de hierbabuena. No le puse patatas porque estaba en esos días sin tubérculo, pero sí una cebolla porque… porque sí.

Peras gordas exprimidas llenas de nata

Lo que yo le puse:

  • 4 puerracos
  • 1 cebollona
  • 4 perotas conferencia
  • 2 vasos de caldo de verduras
  • 200 ml de nata vegetal
  • 3 hojas de hierbabuena
  • 2 cucharadas de margarina
  • Pimienta blanca
  • Nuez moscada
  • Zumo de limón
  • Sal

Lo que yo hice:

  1. Pelar las peras y cortarlas en trozos. Reservarlas en un plato rociadas de zumo de limón para que no se pongan negras por la oxidación del espacio exterior.
  2. Trocear la cebolla y los puerros 4 segundos a velocidad 5.
  3. Echar en la Thermomix la margarina y calentarlo todo 7 minutos, temperatura Varoma (high voltage!) a velocidad 2.
  4. Bailar el Electronic Supersonic al ritmo de las cuchillas, mientras preparo el resto de ingredientes. Un día tendría que hacer un vídeo, pero el mundo no está preparado.
  5. Cuando la Thermomix pita para reclamar, celosona, mi atención, procedo a echar las peras cortadas y reservadas. No recuerdo cuánto lo programé, pero suena sensato decir que unos 5 minutos, 100 grados y velocidad 1.
  6. Pasado ese tiempo, eché los vasos de caldo vegetal y programé 10 minutos a 100 grados, velocidad 1.
  7. Esperar pacientemente (la vichyssoise es para los que saben esperar) a que se enfríe un poco, añadir las hojas de hierbabuena lavadas, la nuez moscada y triturar a ritmo progresivo de black metal hasta que la crema quede fina.
  8. Añadir la nata vegetal y mezclarlo bien. Si no quieres echarle ningún tipo de nata puedes hacerlo también, te dejo.
  9. Cuando se enfrió, la metí en la nevera y tuvimos litros de vichyssoise para varias noches porque, en esta casa, por menos de 6 raciones yo no me levanto de la cama. Colorín colorado.

"Mírame fijamente, mírame fijamente... mírame y di muuuuuu"

Engañifas

Hoy vengo con preludio a cuestas, así que si me pongo seria tengan preparado el scroll. El baño, al fondo a la derecha.

Ser vegetariano no tiene nada que ver con la salud. Les podría decir miles de recetas que no tienen nada de sano y, no sólo eso, kilos de ingredientes que no tienen nada de saludables: harinas refinadas, azúcar refinado, toneladas de almidón, patatas fritas y salsas grasientas. Lo de ser vegetariano por salud es una tontería: un carnívoro (ejem: omnívoro) puede estar tan sano o enfermo como un vegetariano o un vegano. No hablemos de repostería.  Incluso sin lácteos o huevos se me ocurren galletas que harían reventar tu páncreas. Hay varios médicos que señalan que nuestra dieta occidental tendrían que temer el exceso de hidratos de carbono casi más que el de las grasas, de tal forma que, la próxima vez que te tomes una tostada con mantequilla y mermelada, pienses que lo más sano de lo que te están embuchando es la mantequilla. Las grasas no son buenas, no, pero los hidratos pueden ser casi peores. Me contaba una amiga que está siguiendo la dieta Montignac cómo le echan jarabe de glucosa hasta a la mayonesa light. No hay nada en ser vegetariano que te impida comer carbohidratos chungos (es más: puede ser muy fácil sustituir las proteinas de origen animal por carbohidratos malosos e inflarse de arroz y pasta por comodidad).

Todo esto viene porque leo en muchas revistas eso de la dieta vegetariana sana y yo me descojono, porque es más falso que un zacazaca de madera. No comer ni carne ni pescado ni productos de origen animal no te hace más sano. Comer carne y pescado de vez en cuando no es malo para tu salud, si no abusas de ellos; puedes ser vegetariano y abusar de grasas vegetales o de carbohidratos malos y que te crezca una barriga de Buda feliz que haga temblar tu páncreas. También puedes ser vegetariano y llevar una vida saludable o un carnaca adicto a las salchichas Tesco (que llevan de todo menos carne). Puede sonar a perogrullo, pero hay mucho perogrullo suelto.

Para mí la única razón para ser vegetariano es ética, no de salud. Si quieres hacerte vegetariano porque te han dicho que esto es muy sano y en vez de sangre empieza a circularte savia por las venas, lee un poco sobre nutrición y no hagas el canelo. No hagas caso de todo ese rollo de lo “natural” es bueno (la cicuta también es natural y yo no me la echo a la ensalada con unos rabanitos), seamos “naturales”.  Yo no voy a ganar más adeptos a La Causa por decir que ser vegetariano es sanísimo, te convierte en Charlize Theron y si comes sólo almendras te salen unos pechos como la Vía Láctea. Creo en la honestidad y mi único activismo es culinario: demostrar que se puede comer rico y variado prescindiendo de animales todo lo posible. De hecho, quienes me conocen saben que yo no saco el tema ético con nadie si no me preguntan (al contrario: son los demás quienes me preguntan y una nada escasa porción de la gente curiosa se siente ofendida cuando digo que soy vegetariana, como si eso les pareciera un insulto). Dicho en fino: procuro no tocarle los cojones a nadie. Mucho menos voy a engañarles.

Presentación

Este es el lugar donde iré dejando las recetas de las cosas que me como, las que salen bien y también los fails, que son menos sabrosos pero más divertidos. Pero, sobre todo, para poder dejar el enlace a todos aquellos que me preguntan por éste o aquél plato.

¡Zaca y a zampar!